Este será mi verso.

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Citando a Whitman

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! 
de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios,
De mí mismo,
que me reprocho siempre
(pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz,
de los objetos despreciables,
de la lucha siempre renovada,
De los malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta,
¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve
– ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?
Respuesta
Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que
tú puedes contribuir con un verso.

Elegir un destino para evadirte del rutinario canto del los vientos norteños no es sencillo, siempre y cuando quieras desconectar del todo, creo que el eco de Asía resuena en mi cabeza, pero darle un año de margen va imprimir un reencuentro fantástico.

Me embarco en una nueva aventura, mi diario de bitácora empieza a pesar,  mi intención es que adquiera un matiz arrugado, con las hojas desgastadas y amarrado por los lazos de la cinta de mi vieja Moleskine.

La idea es empezar donde los jóvenes actores llegan con esperanzas renovadas, con sueños cambiantes y desdichados, entre los barrios a modo de collage y nunca como metrópolis urbana al uso. Todos hacen las delicias de pequeños estudios, productores fanáticos de Benjamin Franklin.

Sentirme Richard Gere en el Beverly Hills Wilshire Four Seasons o ver una puesta de sol en Santa Monica, entre otros planes…

Seducido por la Ruta 66, el sol como copiloto bajo la carretera de la costa del Pacífico, un viejo Camaro descapotable y un disco de los Eagles, no entiendo este paseo sin Hotel California.

Parar en Cupertino es esencial, sobran florituras, no lo pienso adornar, mis motivos son de sobra conocidos, el video del final da fe de ello.

Al llegar a San Francisco preguntaré por el hotel Faimort, no es que tenga fetichismo por ciertos hoteles, pero sentirme por un momento como John Patrick Mason es algo que me seduce.

Cruzar el Golden Gate en bici desde Sausalito o ser preso por un momento en Alcatraz, entra dentro de un plan tróspido y maravilloso. Mis noches serán en Smugglers Cove Sf y mis días como fotógrafo eventual para mi novia.

No tengo idea de la hora, ni el modo pero esto acabará en la ciudad del pecado, donde Elvis se refugiaba y se ponía fino a churrasco, si bien la idea es utlizar el ocio como moneda de cambio y el rock como himno local.

Gracias a Dios no todo es producto del los dados y por ello no encuentro mejor manera de celebrar mi cumpleaños que con la mujer que amo, una canción romántica y un simple vaso de agua, porque nosotros nunca fuimos de vino, ya habrá tiempo para el whisky, para los dados y para que prosiga el poderoso drama…

Pero en ese preciso instante podré contribuir con este verso.

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