Mr.Ok

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 Foto: Ginza, Tokyo.

¡Espera! no empieces a leer, tómate tu tiempo, preparaté un café, ponte cómodo, incluso te permito la licencia de quitarte tu camisa de los domingos, ¿ya?; dejémonos de filfas, te contaré una historia, algo breve, lo prometo, ¡es más!, te contaré lo que me vino a la mente, no es sencillo; digamos que mis citas semanales con Woody Allen están trastocando mi cabeza, puede que ahora mismo mi amigo Mr.Ok esté entonando un mea culpa o simplemente dándole vueltas al hecho de que él pasa de las camisas de los domingos, porque…, queridos amigos, para personas como él, los domingos no dejan de ser un numero más en el calendario, posiblemente ahora mismo esté con su pijama de estampado paisley mientras escucha algún sencillo de Dylan: Boots of Spanish Leather, por ejemplo.

Mr.Ok es una persona interesante, una de esas con las que te dejarías caer por algún antro de Nikko (Japón), para comer el mejor Ramen del mundo. Mr.Ok no entiende de convencionalismos, entiende la moda de una forma única, tiene prendas de carácter propio, entre ellas una que apoda: “el abrigo de las grandes noches”.

Flirtea con el whisky en ocasiones especiales, enamorado del arte y de todo lo que tu… simple mortal, desconoces. Lo siento no me quiero poner melodramático, es así, me gusta rodearme de gente que va un paso por delante.

Mr.Ok es zurdo en cuanto a intenciones musicales, es capaz de hacer disparos certeros a bocajarro… mientras hace un solo de guitarra con su Gibson; entra en una especie de estado de trance o shock anafiláctico, dependiendo de si lleva su sombrero de —Camden Town—, un regalo de quien esta reventando teclas y obsequiando con prosa barata en estos momentos.

Hombre parco en palabras, lapidarias cuando son ejecutadas, es el compañero de viaje perfecto. No entendería un regreso a Oriente sin él. Si vamos a una fiesta, por ejemplo, en el Consulado Británico, con dresscode marcado en corbata y traje, Mr.Ok encontraría el momento idóneo posiblemente, entre el ponche y el vals de medianoche para aflojarse el nudo.

Cuando tu entiendes el triunfo personal como, tener un Ferrari, millones de euros en un banco de Zurich o casarte con una mujer con un cuadro de operaciones artificiales crónico, él lo entiende, como conseguir un bespoke de su pijama paisley, para rendir cuentas ante el Royal Albert Hall, Paul McCartney le cedería su licencia, y ¡YO…!, un humilde burgués, le estaría esperando en el camerino con un disco firmado de Panorama Porno, porque para eso estamos los amigos, ya tendremos tiempo de apretarnos el nudo de la corbata compañero.

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