Ponte protector solar

La-GRAN-BELLEZA-1

Verano. 

Calor, chiringuitos, toallas, cintas de greatest hits de gasolinera, terrazas llenas, exportación de población peninsular al archipiélago Balear, el señor de los barquillos, topless, folclore nacional por así llamarlo.

Soy un hombre de invierno y como tal, nunca me ha gustado el verano de ley, el impuesto por Marina d’Or o cualquier tipo de pseudo resort con pulsera —todo incluido—.

Me gusta el verano a la sombra, si es con un negroni mejor. Cambio la canción de la cerveza de turno por Joshua Radin y los chopitos por unas San Nicasio.

Cambio la chancla por ir descalzo, el día por la noche, la licra por el lino, los euros por dólares y el legado de Tibu por el de Santa Monica.

Empezaré el cuento por el final, apostando, jugando y arriesgando, con tirada doble al 23 rojo, si toca… me haré con un Dalí original para donar a la asociación protectora del rinoceronte.

Las pajas mentales están bien, pero no perdamos el norte caballeros, aquí hemos venido a hablar del verano, entre bambalinas se cocina algo a fuego lento, mi consejo: Prepara los hielos, tus Oliver Peoples y tu sombrero panamá.

Elige un libro, que no sea un best seller, cambia tu Kindle por un libro de verdad, si perfumas las tapas con alguna esencia de Molinard mejor que mejor, no es por pecar de sibarita a estas alturas del film, digamos que la tramontana, hará que tu libro emane el recuerdo de una Francia enclavada en 1849.

Mientras lo típico, lo esperado, lo predecible, es rendir culto al Dj de turno; yo hace no mucho me di cuenta de que eso ya no iba conmigo, vi un atisbo para el cambio, consumí la pastilla roja y bueno, digamos… que “me precipité demasiado rápido, apenas sin darme cuenta, a aquello que se puede definir como el remolino de la mundanidad, pero yo no quería ser simplemente un hombre mundano, quería ser el rey de la mundanidad. No sólo quería participar en las fiestas, quería tener el poder de hacerlas fracasar” bueno…; mientras prosigue el poderoso drama, yo me quedaré con mi renting car yankee, mi soda con un toque de vermouth carpano y mi disco de Arvo Pärt…

Porque para eso estamos, venimos y morimos, somos consumibles de tiempo vendidos al por mayor, empaquetados y enviados a un destino, sin remitente; ya tendremos tiempo de jugar a ser Mozart tocando el piano a nuestro libre albedrío, de rechinar, drogarnos y saltar como locos, pero lo siento, me retiro de esta fiesta a la que ya no me siento invitado, lo cambio todo por un lienzo inacabado, una novela y un amor de verano, pero del de verdad… no el de discoteca.

P.D. Ponte protector solar.

 

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Un comentario en “Ponte protector solar

  1. Me encanta eso de los veranos «impuestos» por Marina d’Or. Me ha llegado. Tantos años de lucha han dado su fruto. No soy el único que aborrece ese modo de vida. Pasarse el año trabajando para acabar dejándote la extra de verano —que qué autónomo la tuviera— en un pseudo resort cutre fruto del ansia de cuatro corruptos que transformaron las costas españolas.

    Yo, personalmente, he descubierto que tras ese disfrute de los demás en verano está mi sustento. Así que el verano a trabajar. Es la mejor forma de aprovecharlo.

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