El ático Canalla

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Llevaba tiempo, mucho tiempo… enquistada, sin querer salir, haciendo gala de una fuerza sobrenatural, digna de una delirante epopeya griega, hablo por supuesto de mi musa. Me esquivaba –de eso estoy seguro – ¡es más!, diría que hasta me había puesto una orden de alejamiento.

Uno, que ya va avanzando en edad, tenía ideas de cómo buscarla, pero esta vez, ni mis paseos nocturnos junto a la ría, habían dado su fruto. Necesitaba buscar fuera de mi ciudad.

Lo único que quería, era buscar esos motivos que me ayudasen a seguir. Ese trasluz tras la ventana, ese golpe de efecto, volver a escuchar la melodía perfecta, porque ni tan siquiera tenía ganas de seguir siendo ese, el de siempre, el escritor frustrado.

No, no escribo bien, tampoco me auto-proclamo bueno, pero ni en esto ni en nada, eso sí, en todo lo que hago, intento poner el corazón, la nobleza y mi honor.

Honor… una palabra muy devaluada, al igual que un mosquetero de la guardia real francesa, prefiero ser franco con mi rey, en este caso, vosotros, mi público, del cual, nunca necesité un aplauso, una aprobación – un bravo– .

Os debo ser sincero, se me paso por la cabeza dejar el blog, no sabía que escribir y lo que es peor, no terminaba de encontrar mi musa, pregunta-respuesta, era lo único que necesitaba.

Todo ha llegado este último fin de semana, entre amigos y clubs clandestinos –jamás daré más detalles– vale bien… fue una chica, con un aspecto algo curioso, entre Edith Piaf y la típica cantante folk, de esas que te puedes encontrar un sábado cualquiera en el Bar más rococó del Greenwich Village de Nueva York. Arrancó con una vieja melodía (Feeling Good), por un momento pareció que la mismísima Nina Simone estaba allí, junto a mi sofá chester, junto a mi cocktail a base de whisky japonés –os podeis hacer un favor, probad Nikka Whisky– en el preciso instante que la voz de aquella maravillosa mujer dijo AND I’M FEELING GOOD, cerré los ojos, respiré profundo y… lo vi claro, ahí estaba, mi musa se había apoderado de alguna forma del cuerpo de aquella mujer.

Me di cuenta de que tan solo necesitaba encontrar ese segundo de magia, ese segundo en el que todo pasa a cámara lenta, ese segundo en el que se para el tiempo, es entonces cuando te puedes fijar en las cosas, como por ejemplo, que el barman esta agitando la coctelera mientras sonríe, que tu amigo está aplaudiendo como hacía tiempo que no lo hacía, que la chica que tengo en frente no deja de mirar de reojo, que el señor de la mesa del fondo da una calada profunda a su cigarro o que en ese momento la cantante estaría dispuesta a irse conmigo al fin del mundo.

Realmente no importa el cómo, simplemente volvió a mi, se apoderó de mi mente, ahora las teclas van solas, no pienso, escribo, confío en que algo me guia, el sentimiento de los puñales del placer.

Bien. Ahora que he dejado claro cómo volvió, como, en cierto modo, se adueño esa magia de mi, nos trasladaremos al ático canalla. ¡Si amigos! porque lo que paso alli, ya forma parte de la leyenda, porque no nos andamos con tonterías,  escribimos las hojas con tinta ferrogálica.Tampoco andaré con rodeos, era una fiesta privada, con invitación cerrada y gente escogida a dedo. La podemos denominar #shelbyexpressprivateparty . Las invitaciones llegaron en las lechuzas de Harry Potter por supuesto.

Frank Sinatra, Bob Dylan o Arvo Pärt acudieron a la cita, y como parecía que de Nikka iba el fin de semana, Nikka from the Barrel también fue uno de los invitados especiales, travel food, en mesa limpia, sin complicaciones –que para eso esta el Room Service – desde carne de Wagyu hasta el Tataki de Atún, todos tenían su momento de protagonismo, aunque quedaron eclipsados por el Jacuzzi, piso 29, las luces de una ciudad cosmopolita y el ritmo incesante, todo junto, sin apretarse, a ritmo lento, pero in crescendo, siempre de menos a más, así de sencillo, dio tiempo al melodrama, a la cháchara y al perfil bajo, al cambio repentino, a un juego de trileros, ¡ojo!, sin trampas.

Y hasta aquí puedo leer, porque no he venido a contarte que paso en aquella Suite Presidencial, tampoco he venido a contarte donde estábamos, eso me es indiferente, lo único que me importa, lo unico que debería importarte a ti, querido lector,  es que ella ha vuelto y que tú hoy puedas leerme, deja tu firma antes de salir por la puerta, mientras tanto me remito a la canción….

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2 comentarios en “El ático Canalla

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