TREINTA AÑOS

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Foto tomada en Key West. Florida.

 

Treinta años.

Sonaba lejano en tiempos de pelota con tus camaradas.

Me siento con mi ordenador solo en casa con la sana intención de contar hasta diez y valorar un recorrido que a veces siento fugaz.

Siempre vi los treinta como algo muy lejano, quizás me pasaba más tiempo pensando en lo que sería futuro –grave error– que viviendo el presente. Tampoco quiero hacer una retrospectiva del pasado, me importa el hoy.

Hoy soy un cúmulo de experiencias, fracasos y algún éxito. En treinta años el mayor logro sin duda alguna ha sido mi familia, mi pareja y mis amigos. No cabe duda que quien me conoce sabe que mis ilusionantes proyectos empresariales ocupan un lugar tremendo en mi día día.

A través del trabajo he conocido y valorado ciertos aspectos desapercibidos en mi mente hasta día de hoy. Mi conciencia social se ha abierto paso, encontrar una motivación antagónica del factor económico ha sido un punto de inflexión en mis expectativas de vida. Hacer las cosas no solo por el retorno sino por aportar socialmente, intentar que tu trabajo ayude a mejorar la vida de los demás es un reto fascinante.

También he entendido la importancia del territorio, el discurso honesto y la búsqueda de la sencillez. Me encantan los atrezzos de mármol pero entiendo que el marco no es comparable con el tiempo.

Descubrir que no hay nada mejor que una buena conversación y desgranar los pequeños placeres de la vida en instantes eternos, respirar, creer una y otra vez que el mundo está ahí fuera que la vida no va parar por ti y que tu búsqueda de la canción perfecta no tenía ni la más mínima importancia si no podía ser escuchada con alguien querido a tu lado. Buscar una persona interlocutora que entienda mis inquietudes ha sido siempre un reto complicado pero al menos ya  puedo contar a estas personas con los dedos de una mano.

Lo que algunos de mis coetáneos decidieron llamar ultra-sensibilidad me ha atrapado a los treinta años. Considero que el arte la poesía o la música debe ser una parte inherente del ser humano. Ver más allá de lo obvio, encontrar matices en un vino, preguntarte qué diablos pasaba por la cabeza del artista cuando esculpía aquella escultura. No hace más que poner de manifiesto que las cosas no son solo lo que aparentan.

Hoy no me preocupo por cómo seré con cuarenta años. Me preocupo de encontrar un hueco para disfrutar de la vida.

Seguiremos pateando los callejones de Harlem, degustando malta en St. James, buscando puestas de sol en Key West o madrugando para encontrar nigiris frescos en Tsukiji.

Nos leemos dentro de 10 años…

 

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